domingo, 10 de noviembre de 2013

EXPOSICIÓN: Velázquez y la familia de Felipe IV en el Museo del Prado


Velázquez: el empleado estrella de Felipe IV

Siglo XVII. La decadencia del Imperio Español se hace cada vez más evidente. Las deudas no cesan de aumentar y acucian la economía de la corona española, que acaba por declararse en bancarrota en 1653. Las relaciones con Francia, Inglaterra y Portugal se han ido tornando más y más tensas, hasta sumergirse en guerras que hacían de las hostilidades en Europa el pan de cada día, y la crisis demográfica, económica y monárquica mostraba una profundidad de campo sin precedentes. 

Será 1649 la fecha en la que tendrá lugar la celebración del segundo matrimonio de Felipe IV, conocido como el Rey Planeta con Mariana de Austria que acabará por garantizar la continuidad de la monarquía con el nacimiento, en 1657, de su heredero al trono, Felipe Próspero, que fallecería con tan sólo 4 años de edad, dejando como futuro rey definitivo de España a Carlos II, nacido en 1661. 

Complicada situación la que se encuentra Diego Velázquez al ser convocado por Felipe IV para atender la enorme demanda de producción artística que vivía la realeza española en aquel momento, que necesitaba del sevillano para lanzar tranquilizadores mensajes diplomáticos, tanto hacia el interior de España, como hacia el exterior. 

Ayer como hoy, u hoy como ayer, asistimos día tras día a la enorme contribución que han tenido y tienen los medios de comunicación -en el sentido puramente técnico de la expresión, esto es, como transmisores de información-, en el establecimiento, posterior mantenimiento y continuidad de los poderes políticos.

Ya sea siglos atrás, o siglos adelante, es patente la influencia de la imagen informativa como método explicativo de la situación de un país. La audiencia necesita saber, y a falta de otros medios, se hacen imprescindibles obradores de la comunicación para satisfacer esta imperativa demanda. En el siglo XVII el nivel de analfabetismo entre la población era, por supuesto, casi total; y la imagen, el icono, ejercía una labor fundamental como forma de representación y reproducción del entorno. Velázquez fue “un historiador de la memoria colectiva de nuestro país”, tal y como manifiesta Javier Portús, Jefe de Departamento de Pintura Española del Museo Nacional del Prado, y “atiende la demanda de producción artística, en un momento en el que los ojos europeos estaban centrados en esa familia europea y demandaban retratos de Felipe IV, de la nueva reina, y de los príncipes e infantes que estaban naciendo”. 

Velázquez ejerció de periodista de la corte, remendando y haciendo un poco más válido el reinado de Felipe IV que, si bien no dejó ningún beneficio en lo económico, sí lo hizo en lo artístico, permitiendo que el artista grabara para los restos gran parte de la compleja política europea de aquellos años y dejando de paso, un magnífico legado artístico en la historia de nuestro país.

La exposición, “Velázquez y la familia de Felipe IV” del Museo del Prado en colaboración con el Museo de Viena, recoge 29 obras, 15 de Velázquez y 14 de del Mazo y Carreño mayoritariamente. Cita ineludible hasta el 9 de febrero. 

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